Volviendo a casa Hong Kong-Zaragoza: Cruzando el mar Caspio camino del Cáucaso

Llegamos a Nukus con tiempo suficiente para tomar un largo almuerzo, visitar el famoso museo de arte de la ciudad y, después de una temprana y también larga cena, dirigirnos hacia la estación. Ya estábamos allí a las 9pm y el tren no salía hasta las 4am, así que teníamos tiempo de sobras para mentalizarnos de las casi 30 horas de viaje que nos esperaban. Yo me fui a cortar el pelo. Cortarse el pelo en una ciudad perdida de Uzbekistán a eso de las 10 de la noche es una experiencia que te deja una muy agradable sensación de frescor aunque los resultados estéticos no sean los deseados. Regresé de nuevo a la oscura y tranquila estación después de comprar algunas provisiones. Cuando me estaba recreando una vez más comprobando nuestro tren en la pantalla apareció de entre las sombras. Me preguntó si iba a Aktau. Le pregunté si iba a tomar el barco a Bakú. Después de dos “síes” y unas risas, más risas al comprobar que también nuestro alojamiento en Aktau iba a ser el mismo. Presenté a mi nuevo amigo japonés a mis ya grandes amigas Sue y Janet. Masa es un tipo que se hace querer al instante, risueño, educado y siempre dispuesto a ayudar. A eso de las 2 de la madrugada nos dejaron pasar al tren. Como ya os he comentado, unas 30 horas más tarde, paso de frontera incluido, llegábamos a Aktau. Os presento a Sue, Janet, Masa y a nuestro amigo el tren “Nukus-Aktau” 😉

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Sue and Janet

 

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Masa

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Tren

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Vistas desde la cama

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Madriguera en el tren

Estuvimos 5 noches en Aktau. Janet nos dejó pronto y cruzó a Baku en avión. Cada día iban llegando al hostel nuevos viajeros que querían cruzar a Baku, por aire o por mar. La mayoría eran jovencísimos japoneses con lo que el ambiente no podía ser mejor. El día consistía en darse un paseo hasta la oficina de venta de una de las compañías navieras que cruzan el Caspio. Es complicado conseguir billete. No hay horarios fijos, los barcos salen cuando están llenos y cuando las condiciones meteorológicas lo permiten. Así que todos los días Sue, Masa y yo nos dábamos un paseo de unos 40 minutos para intentar comunicarnos a través de Google Translator con la señora de la naviera y luego tomarnos un café y dar una vuelta. Después vuelta al hostel, comprobar en internet la localización de nuestro barco más probable y a intercambiar información con el resto de viajeros.

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Difícil diálogo con la señora de ventas

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Nuestro barco camino de Aktau

Finalmente un día Masa y yo nos hicimos con unas tarjetas SIM. Llamé a un tipo que tenía una agencia que conseguía billetes desde el puerto de Kuryk, a unos 75km al sur de Aktau. Después de tiras y aflojas, y ya que éramos unos 11, nos prometió que esa noche uno de sus empleados vendría a nuestro hostel para vendernos los billetes porque un barco salía al día siguiente. A eso de las 10 llegó en su coche y abrió el taco de billetes en blanco. Fue rellenando nuestros nombres y cobrando. Otro de los momentos del viaje: la alegría de mis amigos japoneses mientras compraban su billete y el abrazo de felicitación con Masa y Sue. Misión cumplida 🙂

El barco se llamaba Professor Gul. Un nombre tan docente me pareció un buen presagio. Después de pasar los controles aduaneros de Kazajistán pudimos embarcar (¿por qué cuando viajas en avión no se dice “enavionar”?). Reparto de camarotes y espera de 3 horas hasta que el carguero estuvo lleno de mercancía. Finalmente el barco se movió. Os podéis imaginar lo especial del momento. Todos a pasear alegremente por cubierta charlando, sacando fotos, pensando… Gran recuerdo 🙂

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Mis queridos amigos japoneses tomaron mucha confianza conmigo. En vez de George me llamaban siempre Jyo-ji San. Añadir San al final de un nombre es una forma de cariño y respeto. Yo también empecé a llamar así a Masa San. Mi nuevo amigo es un artista de la fotografía y un poco poeta. Le gustaba cuando le decía que en este viaje los atardeceres eran muy especiales para mí porque detrás de ese sol estaba mi casa. Es lo que tiene viajar hacia el oeste. Así que me regaló esa foto sin que yo me diera cuenta para que tuviera un recuerdo de que lo iba a conseguir. Que cruzar el Caspio significaba el principio del fin de mi viaje. Que después de eso ya todo iba a ser más fácil. Arigatou gozaimasu Masa San 🙂

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Después de unas 32 horas de travesía, esperas en ambos puertos incluidas, llegamos a Bakú, donde sólo estuve dos noches. Tenía muchas ganas de llegar a Georgia y montar otra vez en tren. Me despedí de Masa San, Sue y Janet y salí con el resto de amigos japoneses hacia Tbilisi en un tren nocturno. Georgia es un país muy bonito lleno de montañas pero decidí dejarlo para más adelante y visitar primero Armenia.

Armenia. Me gustaría poder transmitir lo que fue Armenia. El paisaje es duro, su historia también. En cierto modo, llegar a Armenia fue como llegar a casa. Después de más de 17.000km de hermosos caracteres chinos, desiertos, templos budistas, mezquitas y enormes montañas, fue agradablemente hogareño sentarse en un monasterio, todavía tan lejos de casa, y sentir el crepitar de las velas entre toda esa iconografía tan familiar. Los monasterios, sí, y el monte Ararat, hoy en Turquía, y el genocidio de 1915, y la historia de la Gran Armenia. Y el duduk. Siempre el duduk, con ese sonido tan de viaje, tan de este viaje, un sonido que sirve para cualquier viaje en solitario, pero para este más que ninguno. Armenia. Volveré…

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Volví a Georgia por carretera. Tras una noche solitaria y melancólica en Tbilisi me marché a Kazbegi, donde volví a encontrarme con mi querido Masa San, y desde allí decidimos recorrer el país juntos. Volvimos a Tbilisi y de allí tomamos una eterna furgoneta que nos llevó hasta el pueblecito de Mestia en 12 horas de dura carretera, sobre todo en los últimos tramos. Allí hicimos varias excursiones y visitamos Ushguli, que si consideras Georgia como Europa, es la población europea más alta, a 2100m.

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Y después de todas esas excursiones volvimos a Tbilisi y nos separamos, Masa camino de Armenia y yo en busca de algún tipo de transporte que me llevara a Kars, en Turquía, para poder llegar a Estambul. Eso os lo contaré ya muy pronto desde Zaragoza, en el que será el último post de este viaje. Porque ahora ya puedo decir que, si no ocurre nada fuera de lo normal, voy a poder completar mi vuelta a casa, Hong Kong-Zaragoza. Saludos desde Eslovenia 😉

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Esta entrada fue publicada en 2018 Volviendo a casa: Hong Kong-Zaragoza y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

12 respuestas a Volviendo a casa Hong Kong-Zaragoza: Cruzando el mar Caspio camino del Cáucaso

  1. Alfonso Medina dijo:

    Vamos campeón que ya estás prácticamente en casa.
    Es una gran alegría tener noticias tuyas y conocer tus andanzas.
    Si organizas algo llámame 696442561
    Un abrazo.

  2. emilia ibañez bes dijo:

    Que chulo como cuentas todo, me tienes enganchadica, aquí estamos esperando tu vuelta MX besikos y sigue disfrutando y tu vuelta a casa

  3. Chema AdeM dijo:

    Aprovecha lo poco que te queda George…!!! Cuando llegues nos ponemos al día… Abrazos…!!!

  4. Carmen dijo:

    Mucha suerte en tu última etapa, que lo sigas disfrutando!!Besos y nos vemos ya en casa!!

  5. Miguel Til dijo:

    Viendo este post espero poder captar una pequeña cantidad de tus vivencias durante este increíble viaje tuyo. Tú vives 5 vidas por la mayoría de los mortales como yo que sólo vivimos una. Ahora entiendo tu sensación cuando vuelves a la rutina de nuestra Zaragoza. Nos vemos muy pronto Jorge, un fuerte abrazo de tu amigo Miguel.

  6. Teresa dijo:

    Qué bueno volver a saber de tí Jorge Yo hoy he vuelto de la bella Italia , genial pero nada comparado con tus periplos por esos mundos fantásticos Ya prontico nos vemos Un abrazo “compi”
    Teresa

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