Primeros días al lado del gran atajo

Después de un rato que se me hizo bastante largo en el control de pasaportes y otro que se me hizo muy corto en el control de aduanas (da igual que marcase en el formulario del avión que traía carne en forma de jamón ibérico envasado, ni me miraron a la cara) salí a Panamá. Allí me estaba esperando mi amigo Joseluis que me guardaba una sorpresa. Como él trabaja en la parte central del país y, según él, la capital es bastante más interesante, pues había alquilado un apartamento en un rascacielos con gimnasio en el piso 27 y piscina en la azotea del 51. Ten amigos para esto. Para el que no sea capaz de asociar Panamá con rascacielos, os dejo una fotillo de lo que se ve desde mi ventana.


La ampliación del canal y el miedo a volar del ministro
Nada más salir del aeropuerto nos dirigimos a nuestra nueva residencia. Me llamó mucho la atención el tremendo atasco que había en dirección opuesta a la nuestra. Aquí se llaman “tranques”. Después de dejar el equipaje nos marchamos al Casco Viejo. Hacía menos calor del que esperaba. Se están restaurando muchas de las antiguas mansiones coloniales y se ven algunas preciosas convertidas en hoteles. Buscando un restaurante para cenar vimos en uno bastante normal nada más y nada menos que al ministro de fomento, nuestro José Blanco. Naturalmente pedimos mesa y, después de esperar media hora dando una vuelta, nos sentaron justo enfrente de la suya. Ahí, a menos de dos metros estaban, entre otros, el presidente de Sacyr, el embajador español y nuestro ministro. Me llamó la atención el atuendo del Sr. Blanco: pantalón liso, camisa azul remangada en los puños y jersey rosa sobre los hombros anudado al cuello. Lejos quedan las chaquetas de pana. Todos los demás con traje y corbata…
La comida debió de ser muy interesante ya que Sacyr está realizando, en consorcio, la ampliación del canal. Desde mi ventana se observan multitud de barcos esperando su turno para cruzar al caribe. No son tan grandes como yo esperaba y precisamente esta ampliación, que se acabará en 2014, permitirá el paso de barcos mayores. Mirad los barcos…

El ministro será lo que sea, pero no tiene un pelo de tonto. Se dio cuenta de que habíamos estado observándole bastante rato y, al despedirse, se acercó a saludar. Como me sabía su agenda por las noticias, le comenté que al día siguiente tenía helicóptero (visitaba junto al presidente de Sacyr las obras del canal). Me dijo que así era y yo le aconsejé que se agarrara bien, que los helicópteros dan mucho miedo. No sé si le vino a la mente Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre o si se pensó que yo era un controlador aéreo de vacaciones y con bastante mal café. El hecho es que sonrió tímidamente y se marchó. Prometo que no hubo mala intención, que yo he viajado un par de veces en helicóptero y da respeto. Eso sí, Joseluis y yo nos reímos bastante el resto de la noche recordando la anécdota.

Supermercados, big mac’s y diferencia de clases
Al día siguiente Joseluis se marchó muy temprano y yo y mi jetlag nos fuimos a explorar nuestros nuevos dominios. El calor hizo que me refugiara en una terraza donde comí una sopa de pescado riquísima y una dorada al ajillo bañada en aceite bastante aceptable. En Panamá existen tres cervezas principales: Balboa, Atlas y Panamá. De ésta última me tomé un par y todo pareció cobrar un mejor aspecto. Como la nevera estaba hueca me marché a un supermercado fundado por un panameño llamado Riba y un americano llamado Smith. El supermercado se llamaba Riba Smith, para qué vamos a discurrir más. Os lo pongo en link por si queréis comparar productos.
Adoro los mercados, mercadillos y supermercados. Ver lo que la gente compra, cómo lo hace, cuánto se gasta. Me pasé casi dos horas allí dentro y empecé a comprobar sobre el terreno la tan manida diferencia de clases de algunos países de Latinoamérica. Panamá es un país con mucha presencia de norteamericanos y eso se notaba en el supermercado. Mantequillas de cacahuete, largas estanterías de cereales para el desayuno, decenas de salsas de todo tipo. Me encantan los supermercados de los EEUU. Para eso son ellos los que los inventaron. ¿No lo sabíais? Os dejo el link de Piggly Wiggly, traducido, Cerdito Ondulado.
No me resultó caro pero claro, yo vengo de Europa y los salarios allí no son los de aquí. O sea, que era caro. Saltaba a la vista el gran número de extranjeros y que los panameños eran distintos a los que había visto por la mañana. Soy de esos a los que les gusta quedarse el ticket y buscar lo más caro de la cesta, lo más barato, esas cosas. Encontré marcas españolas como Estrella Damm, conservas Calvo, guindillas Rioverde y algunos vinos. Seguro que habría más. Me maravillaron los tomates porque olían a tomate. Más tarde comprobaría que también sabían a tomate lo cual va a hacer muy feliz mi estancia. Me mosqueó eso de los precios y decidí al día siguiente irme a los dos Mall más grandes de la ciudad, el Multiplaza y el Multicentro…
Me sorprendió mucho el primero, el más grande. Resulta extraño ver en el mismo lugar a una cadena de comida rápida y a Tiffany’s. De acuerdo, no estaban en el mismo piso pero sí en el mismo centro. Nada de local a parte, nada de zona emblemática de la ciudad. Un centro comercial. ¿Por qué? A riesgo de equivocarme expondré mi teoría ayudándome de McDonald’s. Si la riqueza no está bien repartida y está concentrada en pocas manos lo mejor será tener un centro único donde puedan venir personas con el poder adquisitvo suficiente como para comprar mis productos. No, un brillante en Tiffany’s no vale lo mismo que un BigMac. ¿O sí?…
Según el índice Big Mac, el precio en dólares del bigmac en cada país permite comparar el poder adquisitivo de cada país. Si la diferencia entre el precio del bigmac entre USA y UE es acusada también se puede deber a la fortaleza o debilidad del dólar respecto al euro. Ahora os inserto un cuadro con los precios de un bigmac alrededor del mundo.

Claro, como el salario medio de Noruega es de más de 4.000 € pues el bigmac vale lo que vale. China ya es otra cosa. Pero, ¿y Panamá que no sale en la lista? Mirad, mirad…

4,25$. Cerquita de los 4,84$ de la Unión Europea y muy por encima de los 3,58$ de EEUU. Pero la gente en Panamá no tiene los mismos salarios que en Europa o en Norteamérica, así que ya veis, aquí un Big mac puede llamarse como se quiera menos comida basura…
Así que esto de los centros comerciales es más para gente de posibilidades. Lo que pasa es que en estos sitios es donde aprovechan para poner los cines. Y el cine, claro, debería ser una cosa al alcance de todos. Os pongo una foto de las películas actuales. Fijaos bien a ver si notáis algo raro…

¿Lo habéis adivinado? ¿Veis el cartelito encima y debajo de cada peli? Exacto, hay unas salas VIP (por cierto, al preguntar no digáis “vip” sino “viaipi”, que si no te miran raro). Así la gente bien no se junta con la gente menos bien. Una entrada normal vale alrededor de 4$ y una VIP 11$. Las butacas de estas salas son algo parecido a esto

y tienen un botoncito para llamar al camarero en cualquier momento de la película para pedirle cualquier cosa que esté en el menú, bebidas alcohólicas incluidas. Además son reclinables. Ver a tu actor o actriz favoritos con un roncito debe de molar, ¿eh?. Ya me comentaron en EEUU que en Hollywood existía este tipo de cines. No me quiero ir de Panamá sin probar uno.
Resumiendo: la primera impresión que me da Panamá es la de que hay gente con bastante dinero y que la ciudad es mucho más segura de lo que me había imaginado. Tengo muchas ganas de ver más cosas y contároslas. Pronto, más…

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Esta entrada fue publicada en 2011 América. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Primeros días al lado del gran atajo

  1. Ester dijo:

    Gracias J! Me alegra q compartas el viaje en tu blog! Q bueno lo del cine, creo q deberé probarlo también. Un besazo y felices tomates!!

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