Cinco días en Salvador de Bahía

Brasil es caro. Y Sao Paulo más. El autobús que me llevó de avenida Paulista hasta Guarulhos, 28km, me salió por 33 reales, unos 13€ (Zaragoza-Barcelona, 320km, 14€). Claro que un taxi cuesta exactamente el triple. El hecho es que disfruté de un largo paseíto por la ciudad con la amena charla de una señora brasileña que me dio conversación desde que le pregunté por la parada del autobús hasta que me dirigí a facturar con Avianca (muy estrictos con el peso, por cierto. El de la maleta, no el mío…) La llegada a Salvador fue un espectáculo. Salvador de Bahía es la tercera ciudad del país con unos 3 millones de habitantes y una extensión enorme, más de 706 km cuadrados. El avión de Sao Paulo sobrevuela un inmenso mar de luces hasta donde alcanza la vista. La colonia española es la mayor de Brasil y hay rumores de que esta será la ciudad donde más partidos juegue España en el próximo mundial. Después del siempre reconfortante aterrizaje, salí del finger con el consabido golpe de humedad y calor que tanto afecta a mi moral. No obstante, ahí estaba Ricardo para recuperarla al instante. Os presento a mi amigo y su princesa

Ricardo es una persona muy tranquila que conocí en Toronto en 2006. Trabaja en la Secretaría de Hacienda y tiene la flexibilidad de poder hacerlo desde casa, con lo que tuvimos mucho tiempo para estar juntos y charlar. Además tiene un piso precioso con vistas a la bahía. Os dejo una foto de mi parte favorita, el sofá de las siestas con brisa y mi mesa de trabajo.

Después de dejar el equipaje en mi cuarto y ver que tanto su esposa Patricia como su hija Gabriela dormían, nos fuimos a cenar para comprobar por qué, después de cuatro cervezas cada uno y un guisadito de carne deliciosa, nos habíamos hecho rápidamente amigos hace ya cinco años. Al acabar una agradable y retrospectiva tertulia, nos fuimos a dormir. Si algo tiene esta calurosa ciudad es la brisa. Y en un 11º piso, más. Así que, con la ventana abierta, el airecillo y el sonido de la nocturna lluvia tropical, me quedé plácidamente dormido.
El coste de una empleada doméstica en Brasil depende de la ciudad y del estado. En Salvador, una persona de lunes, a las ocho de la mañana, hasta el sábado, después de comer (noches incluidas) cuesta 340€, con seguridad social y todo. Así que me levanto y me encuentro en el salón a Ricardo, Gabi, la niñera y la cocinera. El desayuno a base de frutas, huevos fritos, tostadas, zumos y café, perfectamente preparado en el comedor. Y todos llenos de sonrisas y buenos días. Esa tarde conocería a Patricia. Más sonrisas y buenas tardes.
En seguida nos marchamos a tomar otro café con dos de mis personajes favoritos en Salvador. Por un lado Roberto, el padre de Ricardo. Los mejores 74 años que he visto en mi vida. De ideas claras, elegancia innata y dieta cuidada. Por otro, Macedo, primo de Ricardo, una persona entrañable. Los mejores 51 años que he visto en mi vida. Macedo tiene tres hijos, cada uno con una mujer distinta. Por eso le puse el mote de Seedorf, único jugador que ha ganado tres veces la Champions con tres equipos distintos. El mote fue muy aplaudido, por cierto. No penséis mal, Macedo no es un mujeriego, es un romántico, y una persona muy cariñosa. En la tertulia me contaron algunos datos económicos bastante relevantes. De los 3 millones de habitantes que tiene Salvador, sólo 450.000 pagan impuestos. El tipo máximo es el 27%. Puede parecer poco, pero ellos se quejan de que a cambio no reciben prácticamente servicios. Los gastos de comunidad son muy elevados ya que todas las casas tienen seguridad las 24 horas del día. Un alquiler de 3.000 reales (unos 1.200€) tiene unos gastos de comunidad de 800 reales (unos 320€). Las carreteras son regulares, el que puede tiene seguro médico privado y las escuelas privadas son muy superiores a las públicas. Después de hablarles del caso español, y una vez intercambiados los respectivos asombros, nos fuimos a casa de Ricardo a comer. Una vez acabada la copiosa comida a base de feijaos (alubias muy populares en Brasil, base de la famosa feijoada) me arrastré hasta el sofá de la terraza donde otra vez la brisa me dejó dormidinho. Tras una breve siesta de dos horas y media, recibí otra lección de economía brasileña en dos grandes centros comerciales de Salvador. Aquí también se nota la crisis. Se ven tiendas que cierran y otras con liquidaciones del 50%. Sin embargo la gente consume y los bancos prestan dinero. Es otra crisis, aunque el precio de la vivienda también está subiendo rápidamente. Cuidado.

A la mañana siguiente paseíto por Salvador y la famosa playa de la barra. Nueva tertulia. Calor. El sol pegaba fuerte y no me había puesto protección. Moreno fugaz, como vino se va. La ducha me devolvió la humanidad perdida y nos fuimos a comer a casa de Roberto. Maravillosa la receta de pasta y gambas que su cocinera nos preparó. Avergonzado escribo que tomé cuatro platos. Decir en mi descargo que en casa del padre de Ricardo no se bebe cerveza, así que el zumo de soja y uva me dejó bastante espacio para repetir pasta una y otra vez. Lo sé, no es excusa, pero ahí queda.
La noche fue muy interesante. Ricardo, su esposa Patricia y yo nos fuimos a cenar a un japonés delicioso. Más tarde, él y yo nos fuimos a un bar-discoteca con unos amigos. Mientras pude conversar en el bar todo fue bien. Chicos simpáticos llenos de músculos y conversación monotemática masculina. Risas, anécdotas y aprecio mutuo. Al entrar en la discoteca todo cambió. La música aplastó sin piedad mi incipiente portugués y las risas tertulianas de antes se convirtieron en mímica nerviosa y sorbos sin sed. Una vez más, me sentí como el albatros de Baudelaire. Los muchachos en general están hipermusculados, y las muchachas son casi todas guapas, la mayoría bastante gorditas y todas amantes de una moda que te pone cara de limón. Salvador es muy distinta a Sao Paulo. Sus gentes, su ritmo, su clima, su alimentación. Todo es diferente. La verdad es que Brasil es un estado muy federal. Lo que más une al país es la lengua y la selección. En lo demás, cada estado es un mundo. Hasta hay que marcar el prefijo del estado correspondiente cuando se llama de un móvil a otro. La noche acabó pronto. Aún tuvimos tiempo Ricardo y yo de alargarla un poco con un último vaso de agua y brisa en la terraza de casa.
Como comprenderéis la mañana del día siguiente no tuvo mucha historia. Perezosa pereza y juegos con Gabi. Resulta entrañable ver el amor absoluto de Ricardo por su niña. Levanto los ojos de mi pantalla y le veo salir de su despacho. Ricardo es inspector de hacienda y audita grandes empresas. La última sanción que ha puesto ha sido de más 5 millones de euros. Sonrío mientras pienso en ello y le veo juguetear con su hija mientras vemos a Xuxa (estupenda para aprender portugués y recrear la vista) [clickar en el link para verlo en Youtube]

La tarde fue maravillosa. Mi implacable amigo y yo nos marchamos a Pelourinho, la parte antigua de la ciudad. Calles empedradas, casas coloniales, humedad constante y calma en el ambiente. Para que os hagáis una idea del mismo os dejo un video que Paul Simon vino a grabar a Pelourinho [clickar en el link para verlo en Youtube]

Maravilloso atardecer. Gracias a su bahía, Salvador es uno de los pocos lugares en Brasil donde se puede observar la puesta de sol en el mar. La costa de Brasil está orientada al este y el sol se pone por el oeste, así que ver el sol sumergirse en el agua es un espectáculo poco frecuente en este enorme país de 7.367 km de costa.

Después de un enorme batido de banana acaramelada y una breve parada en una tienda de delicatesen italianas propiedad de un español, volvimos a casa. Las empleadas tienen fiesta el fin de semana, así que mientras mis amigos bañaban y dormían a la niña, yo aprovechaba para hacer una tortilla de patata. Cena nostálgica con velas de cuasi despedida y pronto a la cama.

La despedida real fue en la cena del día siguiente. Un primo de Ricardo cumplía años y nos juntamos unas 20 personas en una casa de casi 100 años. Otro personaje: Regina, la madre de Seedorf. Los mejores 71 años que he visto en mi vida. Supongo que levantarse a las 5:30 de la mañana, hacer 300 abdominales diarias y tener un extraordinario sentido del humor ayuda bastante a tener un aspecto estupendo. Extraordinarias sus pizzas caseras. Tomé cinco trozos. Esta familia no toma mucha cerveza…
Durante la cena me contaron un suceso. La noche anterior, el novio de la hija de Macedo, de 23 años, recibió tres disparos. Sólo uno le acertó en el brazo. Unos secuestradores subieron a su coche y le hicieron seguir el de de una persona a la que querían asesinar durante dos horas. Después le echaron del coche y mientras corría le dispararon. Ya está en casa recuperándose. Me sorprendió mucho cómo me lo contaron, no como una cosa normal pero tampoco como algo extraordinario. Debajo del fútbol, la alegría, la música y las playas existe otro Brasil…

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