Una semana en Sao Paulo

Tendré que comenzar pidiendo disculpas por haber tardado tanto en escribir una entrada, pero esta gente no te deja parar. Además, hacen falta unos días para digerir las sensaciones que esta inmensa megalópolis te provoca al llegar. Cientos de rascacielos, tráfico infernal, bullicio permanente. Con un área metropolitana de casi 20 millones de personas es la ciudad más grande de todo el hemisferio sur. Uno aterriza aquí sobrecogido, y eso que esta vez lo hice en el aeropuerto de Guarulhos, en las afueras de la ciudad. El de Congonhas está en el mismo centro y el avión planea entre los edificios antes del alivio general que el contacto de las ruedas con el suelo provoca. Para muestra, un botón

Se dice que Brasil es un país en el que la burocracia puede hacer perder los nervios a más de uno. Tuve la ocasión de comenzar a comprobarlo en el control de pasaportes donde, pese a no haber mucha fila, estuve una hora y diez minutos esperando para ingresar en el país. Este hecho, sumado a las 7 horas de vuelo desde Panamá más una de retraso y los 20,6 Kg que llevaba de mochila, me hicieron encarar la salida un tanto tenso. La tensión desapareció en cuanto vi a Fabio, una de las mejores personas del mundo…

La risa que me provocó el cartel me hizo doblar la espalda sin contar con que iba a ser difícil levantarlas a ella y a la mochila de nuevo. Sorpresa agradable con el clima: fresquito. También con el apartamento: perfectamente situado y todo para mí, ya que este bendito y su esposa Thais se van a vivir a casa de la madre de ella mientras yo esté aquí. Nuevamente, ten amigos para esto…
Primeros paseos por la ciudad. Avenida Paulista, una especie de quinta avenida, salvo que bastantes sonríen. Rascacielos a ambos lados, mucha gente con camisa y corbata pero sin chaqueta y un ajetreo y cansancio agradecidos

Después de comprobar el precio en tres casas de cambio distintas y elegir el más favorable, cambio unos dólares sobrantes de Panamá y me compro un diccionario. El portugués NO se entiende fácilmente. Entre otras cosas porque hay palabras desternillantes. Ejemplos: biberón se dice mamadeira, pija se dice burguesinha y Correcaminos se dice Papalego. Luego os pongo más, que si no me vuelvo a doblar…
Para entender este país hay que entender su deporte rey. No es cuestión baladí: aquí el fútbol es una religión. Cada persona tiene su equipo al que defiende con pasión desaforada. Y la selección, para qué contar. Pasé cuatro horas inolvidables en el Museo do futebol, que no tiene que envidiar nada a los más modernos museos estadounidenses. Pantallas planas, montajes audiovisuales, estridentes sonidos reproduciendo los cánticos de las distintas aficiones brasileiras, salas para medir la potencia de tu disparo… Una delicia para los que amamos este deporte y, muy especialmente, su historia. No dejéis de visitarlo si venís algún día aunque no os guste el fútbol. Lo siento, las fotos estaban prohibidas. Al salir me tomé una hamburguesa deliciosa, no por la hamburguesa en sí, sino por cómo me presentaron la cerveza, como dios manda…

También os quiero dejar una foto de mi amigo Nino, otra de las mejores personas del mundo, que se va a casar el año que viene con Eloiza, una de las chicas más guapas del mundo, y me va a dar la alegría de tener que volver el año que viene a Brasil. Es de una cena con pantalla táctil en la mesa para hacer tu pedido. Eliges tu comida o bebida en la misma, pasas tu tarjeta identificativa y, en un ratito, viene el camarero a satisfacer tus deseos. ¿Pero qué os pensabais que era Brasil?

El sábado tuve la oportunidad de ir a una boda. Fabio y Thais me llevaron de “bico”, que en español significa “pico”, es decir, de gorrón. Me hizo mucha ilusión porque es una manera estupenda de conocer el país de otra manera. Por ejemplo, las mesas no tienen números. Después de la ceremonia cada persona pasa al salón y se sienta dónde y con quién le da la gana. Eso sí, pocos lo hacen porque la música ya está puesta y no se pierde el tiempo en formalidades. No se comprende el modelo español. Me miraban aterrorizados pensando en tener que esperar dos platos, postre y saludos de los novios antes de ponerse a bailar. Aquí eres libre de moverte desde el primer momento. Te pones o te ponen la comida y lo demás es cosa tuya. Por cierto, digo pasar al salón porque la ceremonia se celebró en el mismo restaurante. Bueno, la verdadera se celebra en el juzgado o en la iglesia para los más íntimos y luego se hace otra de juguete para todos los demás en el restaurante. Es divertido. También me hizo mucha gracia comprobar que también tienen su Paquito el chocolatero. Esta es la canción que eligen para agarrarse todos y hacer el gamberrete. Esperan 1:18 segundos para descansar un poquito y entonces, a volverse locos. Es una gente adorable

Rod Stewart copió descaradamente el estribillo en Do you think I’m sexy y le pillaron, claro. Fue condenado a donar todas las ganancias que la canción le reportó a Unicef. Os la pongo también para que filosoféis un rato sobre las diferencias entre Brasil y el Reino Unido.

En fin, que uno se pone contento con el tetetereteeeete, se va al baño y se encuentra con medicamentos a disposición del personal. Me los traje para hacerles una foto en casa y poder ponérosla aquí para que esbocéis unas sonrisillas con los nombres. La primera es para no tener resaca, la segunda no sé para qué es y la tercera necesitaría una tilde en la “a” para describir perfectamente al usufructuario de un par de huevos fritos

Decir que funcionan (la de la resaca, por lo menos), así que al día siguiente aún me quedaron fuerzas para quedar con mi amiga Marina, auténtica belleza libaneso-brasileira que tuvo el detalle de invitarme a comer con su numerosísima familia y poder probar las delicias de ambos continentes. Si a eso le sumas que su hermano Pedro es un verdadero artista y que nos invitó a terminar el domingo con una representación de su compañía de teatro de As you like it, de William Shakespeare, os podéis imaginar que el día fue completo. El portugués de Shakespeare es todavía más difícil que el portugués del día a día, pero las interpretaciones fueron tan magníficas que las 2h y 35m de función sin intermedio se me pasaron volando.

Y mañana a Salvador de Bahía. El calorcito y Ricardo me esperan…

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