Y detrás de los Andes, Mendoza

Desde pequeñito las montañas y sus ríos me han fascinado, así que la idea de atravesar los Andes y encontrarme con mi amigo Miguel, tenía que ser llevada a cabo. Compré un billete de furgoneta para pasar de Santiago a Mendoza porque me aseguraron que el conductor paraba de vez en cuando para que los pasajeros sacaran fotos, cosa que luego resultó ser completamente falsa, claro. Menos mal que el hombre se apiadó de mí y se detuvo una vez para que pudiera sacar esta foto del acojonante Aconcagua (6.959 m) y tener un recuerdo para Fernando Garrido

El viaje resultó estupendo. La cordillera de los Andes no es una cordillera amable. No tiene árboles, es árida y polvorienta, tan marrón como sus ríos y muy agreste. Pero sus picos son tan altos, sus dimensiones tan gigantescas, que no puedes dejar de mirarla. Dos fotos

Después de seis horas de viaje y dos de aduana, llegué a Mendoza. Situada en el noroeste de Argentina, Mendoza es famosa por su industria vitivinícola (vitivinícola: vinos y viñedos; vinícola: sólo vinos) Produce el 70% de los vinos de todo el país y sus paisajes, rodeada de viñedos y con la cordillera al fondo, son espectaculares. Allí me encontré con Miguel, compañero de la Expo 2008 de Zaragoza y ferviente amante de su tierra

Miguel es nieto de Antonio, aragonés emigrado a la Argentina a principios de los años cincuenta. A los seis meses de llegar, otorgó poderes a un amigo de Zaragoza para que pudiera casarse en su nombre con su novia y así poderla traer con él. Tiempos duros aquellos. Menos mal que a Antonio le fue de maravilla. Es propietario del Mesón Español de Mendoza y da gusto mantener una tertulia con sus 85 años de experiencia.
La familia de Miguel es tan entrañable como numerosa. Pude comprobarlo el mismo día de mi llegada. Punto de encuentro: el Mesón, claro. Allí la familia tiene su rinconcito y se reúnen todos alrededor de su mesa. Cuando llegué me senté junto a Miguel y muchos de los suyos y abrí boca con una estupenda tortilla de patata que luego dio paso a un bife de ternera maravilloso, regadito con vino mendocino. Creo que ése fue el verdadero momento de mi llegada a Mendoza.
La actividad sísmica en la zona es elevada. La ciudad fue totalmente reconstruida después de un terremoto. Es muy fácil orientarse pues sus calles son todas perpendiculares y horizontales. Uno de los mayores orgullos de los mendocinos es su sistema de acequias. Este sistema, utilizado ya por los indios, canaliza el agua de las nieves de los Andes, y convierte a Mendoza en un vergel rodeado de desierto. Todas las calles están llenas de árboles y acequias como estas

Pero lo mejor de Mendoza, sin duda, es su gente. Es tan buena que comentan, que cuando los porteños de Buenos Aires quieren meterse con ellos, les llaman chilenos. El viernes por la noche tuve la ocasión de disfrutar de mi primer asado. Esa noche es habitual que, los niños con los niños y las niñas con las niñas, hagan un asado. Maravillosa la experiencia de conducir por Mendoza con las ventanillas abiertas y sentir el olorcito a brasas al doblar las esquinas. En esta foto estaba a punto de llorar

Y esta no puedo dejar de mirarla y suspirar…

Al acabar la cena y la consiguiente tertulia, los muchachos comenzaron una partida de Truco. Aquí dejo las reglas para los curiosos. Ver una partida de truco entre seis argentinos amigos es una auténtica experiencia. Engaños, gritos, bromas, polémicas, camaradería, piques, burlas… Me costó mucho hacerme a las reglas del juego, no acabé de entenderlas, pero ver todas esas gesticulaciones, risas y protestas en acción me hizo pasar un rato divertidísimo. Me sentía en el centro mismo de Argentina…

Pero ninguna visita a Mendoza está del todo completa sin la visita a una de sus bodegas. El sábado por la tarde, después de otro bife en el Mesón, nos marchamos Miguel, su encantadora esposa Mari y yo a visitar una. Os dejo una foto de esta adorable pareja con un fondo digno de ellos

Y esta otra mía en la próxima vida…

Esa noche tenía cena de despedida en casa de Diego, el hermano de Miguel, y su esposa. Resulta que Diego invita a Sergio, un amigo suyo chef, y a su novia Victoria, hija de un viñatero. Y lo que tenía que pasar, pasó: a Jorge se le sugiere que cambie su viaje de la mañana siguiente por asado en casa de Sergio y visita a las viñas del padre de Victoria. Reconozco ser extremadamente débil ante este tipo de propuestas. Y si encima Victoria trae a la cena botellas de vino de cien dólares, la debilidad se convierte en derrota absoluta. Así pues decidí cambiar mi viaje de las 10:30 por otro a las 22:30.
Gran acierto. El día fue fabuloso. Un simpático chef argentino regalándome trucos para un asado perfecto, botellas de vino de Mendoza a cuál mejor y amigos alrededor de la mesa. Y para acabar, la visita a la viña. Allí Edi, el padre de Victoria, nos hizo un tour particular por sus posesiones a Miguel, a Mari y a mí. La de cosas que aprendimos. Me encantó. Debería buscar trabajo en este sector. De entre las cosas más curiosas que aprendí os dejo esta: la forma de comprobar la carga, o cantidad de uva, en una viña. Si uno mira una viña de una manera normal, ve una cosa como esta

Si nos ponemos en postura Real Zaragoza…

… y miramos entonces por debajo de las piernas, la vista es esta

¿A que ahora habéis visto más racimos? Decir que hay que llevar pantalones puestos, si no la vista es otra…
Me gustaría poder transmitir la paz que se respiraba en ese lugar. Como el sol se pone por el oeste y Mendoza queda al este de los Andes, las puestas de sol en la cordillera son maravillosas. A ver si con este video consigo regalaros una pequeña parte de aquel momento

Y de las viñas a la estación. Justo me vino para comprar un billete en el último y abarrotado bus a Santiago. Menos mal que aquí los buses son mucho más amplios que en España. La experiencia de cruzar los Andes de noche fue tan fantástica como de día. Había cuarto menguante y se podían adivinar grandes moles negras en forma de montaña debajo de un enorme cielo estrellado. Esta vez no me importó pasar una horita en la aduana a las tres de la madrugada y 2.980 metros de altitud. El recuerdo de unos días maravillosos entre amigos me proporcionaba un reconfortante calorcillo que compensaba los 2°C del ambiente. Supongo que la señora brasileña con hawaianas que tiritaba delante de mí estaba pensando en otras cosas…

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2 respuestas a Y detrás de los Andes, Mendoza

  1. DANDO POR DESCONTADO EL BUEN TRATO QUE TE BRINDARON EN SANTIAGO DE CHILE , EUGENIO Y EN MENDOZA LA FLIA POLITINO, TE SUGIERO QUE SI POR ESAS CASUALIDADES ALGÚN DÍA PASAS POR BUENOS AIRES, NO DUDES EN LLAMARNOS.
    UN FUERTE ABRAZO DE TUS PAISANOS PORTEÑOS.

    • jorgeadiego dijo:

      Gracias Fernando
      Es una sorpresa muy agradable tener noticias de Buenos Aires sin haber pasado por allí. Una ciudad con un nombre tan bonito ha de ser visitada con tiempo. Cuando pueda, no te quepa duda de que seréis visitados con una gran alegría.
      Mientras tanto, recibe un fuerte abrazo.
      Jorge

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