Viviendo en Vrindavan

Sirva la presente entrada para tratar de explicar cómo transcurre un día cualquiera en este lugar tan sagrado como remoto. Evidentemente hablo de un día laboral aunque aquí a veces da la sensación de que todos los días lo son.

Uno de los primeros hábitos que esta ciudad me hizo cambiar fue la ducha matutina. Nada más llegar fue relevada por la ducha nocturna, así te metes a la cama más tranquilo. Esto significa que en cuanto me levanto me tiro a la calle rápidamente y me voy al colegio, donde esperan unas 700 niñas y niños ávidos de conocimientos. Digo niñas y niños porque aquellas son inmensa mayoría. De hecho, las niñas tienen prioridad de ingreso en el centro. Esto es así porque en este país resulta muy caro tener una niña, ya que su familia tiene que pagar una dote si quiere casarla y nuestras niñas son de familias muy pobres.

A eso de las 8:00 ya suelo estar en el colegio. Voy dando los últimos retoques a las clases que voy a dar durante el día y a las 9:00 me voy a ver la ceremonia de apertura. Ya sé que suena a Olimpiada, pero es que es un espectáculo ver a todos estos niños reunidos en el patio para realizar la oración de la mañana antes de empezar las clases. Juegos, corros y cánticos antes de empezar el día.

El desayuno lo toman en clase y suele consistir en unos garbanzos picantes o galletas saladas. Después se recoge todo y empiezan las clases a las 9:50. Otro día os contaré cómo doy las clases y los distintos niveles de los niños. Tomamos la comida a las 12:50 con otra ceremonia de agradecimiento y cánticos a Krishna. Todos sentaditos en el suelo, más o menos como en este video…

Al acabar esta ceremonia, unas niñas cargadas con cubos empiezan a repartir la comida. Esta es una de mis favoritas, bastante picante. Me resulta curioso ver cómo niños tan pequeños se la comen sin mover un músculo de la cara.

Todos los días a la hora de comer me acuerdo de mi hermana Mariasun. Ella suele repetir con frecuencia que tal o cual cosa le gusta más que comer con los dedos. Aquí lo hacemos así. No es tan fácil y tiene su técnica. Primero se coge la comida con los dedos y el pulgar apartado…

Y después se lleva a la boca utilizando el pulgar para empujar tal que así…

Si no os ha quedado muy claro a la vuelta quedamos en el restaurante del Gran Hotel y os hago una demostración…

Al terminar la comida, los niños se quedan jugando en el patio y yo me voy a preparar unas clases extraescolares de inglés para un grupo reducido de alumnos. Suelen venir entre 3 y 7 y eso me da juego para hacer cosas que en las clases de la mañana, con más de 30 niños, no puedo. Os dejo una foto de Sonam con uno de nuestros libros de ejercicios…

A las 16:50 se produce uno de los momentos más emotivos del día. El colegio abre sus puertas a los niños de la calle que están en lista de espera y les sirve una comida. Entran corriendo contentísimos, algunos de ellos con un recipiente metálico para llevar comida a sus familias. Los más pequeños vienen acompañados de sus madres. Aquí os dejo un video. Escuchad cómo saludan. Ni namasté, ni hello, ni hi: aquí el único saludo es Hare Krishna…

En el video parecen menos de los que son, normalmente unos 150. En esta foto se ve mejor

Y después me quedo a preparar las clases del día siguiente y a ver este atardecer desde la azotea con algún hermano de especie…

Cuando se hace de noche me vuelvo a casa, más que nada porque en nuestra sala no tenemos luz y no veo nada. Dejo románticamente solo el colegio…

… y me voy a cenar con algunos amigos. Con tres euros por cabeza cenas perfectamente en cualquiera de los cuatro restaurantes del pueblo. Eso sí, no carne, no pescado, no huevos, no cerveza, no vino, no café, no tabaco, no cine. Así que después de cenar, corto paseo nocturno entre vacas y humo y a casa. Digo humo porque por la noche se junta el de los coches y motos con el de la quema de basuras que aquí hace cada uno por su cuenta, lo que hace de la noche el peor momento para pasear con mi consiguiente disgusto. Y al llegar a la habitación con no tele, no internet, no nevera… ducha, lectura y a la cama…

En el próximo capítulo: Taj Mahal

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