Teherán día dos y el dolor de una guerra

Yo crecí con la guerra entre Irán e Iraq. Cuando sólo era un niño y comenzaba a asomarme a los telediarios, recuerdo con espanto aquellos misiles borrosos y naranjas y grupos de personas gritando enfurecidas junto a unos líderes muy serios y ennegrecidos. Cuando viajo no suelo perderme nunca ni el mercado ni el cementerio, así que este segundo día en Teherán iba a estar dedicado al Bazaar y a honrar la memoria de unos niños que hoy tendrían mi edad y que, con la promesa de un martirio que les diera el paraíso a ellos y el respeto a sus familias, caminaban delante de los tanques para hacer estallar las minas plantadas por el otro bando y abrirles el camino.

Mi primera parada resultó fallida, son los últimos días de Noruz y todo está cerrado. El Noruz es el fin de año iraní. Comienza el 21 de marzo y dura dos semanas. Las familias se reúnen alrededor de la radio que, a modo de nuestras campanadas, comunica exactamente el momento en el que el sol cambia de hemisferio dando lugar a la primavera. En ese momento todos se felicitan y los niños reciben sus regalos. El país se paraliza y resulta difícil viajar, por eso yo retrasé mi llegada unos diez días. El hecho es que el bazaar estaba cerrado y me marché enseguida. Eso sí, me dejé secuestrar por un vendedor de alfombras que al grito de “Italia, Italia, tapeto, tapeto” (¿por qué me confundirán siempre con un italiano?) me llevó a su tienda y me estuvo enseñando estas maravillas. Me las hubiera llevado todas pero no son baratas. Las pequeñas tamaño bandeja, alrededor de 250€, y la que sostiene el señor Toranj unos 800€. Eso sí, son hechas a mano en seda y no te cansas nunca de acariciarlas. Si alguien está interesado me lo decís.

Alfombras persas

alfombra persa

Así que me fui volando al enorme cementerio de Teherán que está a más de media hora de metro al sur de la ciudad. En el hotel me habían regalado una tarjeta de cartón con la que te dejan viajar gratis en el transporte público. No me lo acababa de creer y se la mostré al policía de las puertas, que me dejó paso al instante por un lateral, gesto asertivo con la cabeza mediante. A partir de ese momento, siempre que paso por esa puerta enseñando la tarjeta digo en español “soy profesor”, reverencia policial y paso. Me gusta pensar que sólo en Irán y en Finlandia podría pasar algo así…;)

El cementerio de Behesht-e Zahra me impactó. Los iraníes tienen a sus difuntos muy presentes, casi como si no se hubieran ido. Muchas lápidas tienen serigrafiada la imagen del ser querido. Cuando van a visitarles, se reúnen alrededor de la tumba y comen y charlan de sus cosas. En un documental vi que algunas llevan el plato favorito del difunto. Vi a varias familias así. Los niños jugaban y, mientras tanto, los adultos hablaban y comían tranquilamente alrededor de tumbas llenas de pequeños platitos de comida y pétalos de rosas que esparcían previamente. El día era soleado y esas escenas me conmovieron mucho.

Las cosas cambiaron en el durísimo memorial a los mártires de la guerra con Iraq. Fotos muy duras de las víctimas, haciendo comparativas de imágenes en vida del difunto con las de su cuerpo destrozado en la batalla o imágenes de sus familiares durante el entierro. No he visto en mi vida nada parecido. Había leído algo de la relación de los chiíes con el martirio y la muerte, pero me quedé patidifuso. Esta zona del cementerio está llena de urnas de cristal con imágenes y objetos personales de las víctimas y a cubierto. Algo así…

cementerio teherán

Y cuando ya me marchaba un tanto taciturno, se me acercó un señor muy serio con una enorme bandeja de pasteles de una especie de pasta muy dulce rogándome que cogiera uno. Mano al corazón, doy las gracias y me siento en un banco al sol. Mientras me lo como muy despacio se acerca otro y me regala un bombón que dejo sobre mi rodilla. Siento que acabo de vivir uno de los grandes momentos de este viaje que no ha hecho sino comenzar.

Muy cerca está el lugar donde está enterrado Jomeini, el líder de la revolución. Allí me dirigí. No había ni rastro de extranjeros (la verdad es que fuera del hotel sólo he visto a tres) y me pregunté si haría bien entrando a un lugar tan especial para estas personas. Me lavé las manos y antebrazos al rito musulmán. Unos niños me miraban y se reían. Dejé mi bolsa y mis zapatos a la entrada y traté de mimetizarme. La tumba está en una especie de cuadrado rodeado de unos muros verdosos y transparentes con unas rejillas a través de las cuales los fieles introducen miles de billetes. Me llamó muchísimo la atención ver la tumba de un personaje histórico rodeado de tanto dinero. Después me senté a ver cómo la gente rezaba y los niños se revolcaban jugando sobre las alfombras. También me llamó mucho la atención esa mezcla de infancia y solemnidad. Recogí mis cosas y me marché. Vista atrás del mausoleo en construcción…

Mausoleo Jomeini

mausoleo Jomeini Irán

…y al metro. Otro de los grandes momentos de este viaje que no ha hecho sino comenzar. Dos en una mañana. Demasiada intensidad…

Y como todo absolutamente está cerrado en Noruz, no pude hacer nada más. Por suerte encontré una única casa de cambio de moneda abierta y pude cambiar 500€ a 43.500 riales por euro, lo que da un total de 21.750.000 riales. ¡Millonario!. Me sentía mitad Tío Gilito, mitad Joe Dalton. Así que, como las personas necesitamos cada día, además de nuestras raciones de agua, calorías y horas de sueño, también nuestra ración de risa, me fui rápidamente al hotel, los extendí todos encima de la cama, y me puse a jugar un rato y a tirarlos al aire mientras daba vítores a la inflación. Un hombre es lo que queda de un niño…;)

billetes irán

El día realmente terminó cuando recogí mis juguetes de papel tintado, porque aunque luego me fui al norte de la ciudad con mi tarjeta de “profesor” a comer algo, volví pronto ya que hoy tenía que haber salido hacia el norte. No he podido hacerlo porque debido al Noruz (ay) sólo había un bus a las ocho de la tarde en vez del que sale cada media hora habitualmente. Así que me he comprado el billete para mañana y he dedicado el día a escribir, porque Dios sabe cuándo voy a tener una wifi otra vez. De todas formas, si he escrito estos posts tan largos es porque Teherán estos días es una ciudad fantasma. De aquí en adelante no creo que tenga tanto tiempo para poder hacerlo.

Mañana día 3 salgo a las 9 para Chalus. Seis horitas de bus atravesando los montes Alborz, que separan Teherán y su aridez del mar Caspio y sus bosques.

Hasta pronto…

bombón irán

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9 respuestas a Teherán día dos y el dolor de una guerra

  1. Teresa dijo:

    Te leo y te releo mil veces Jorge.Como escribes hijo mio,parece que estas alli mismo.Este Post me ha encantado.El cementerio,como cuidan sus muertos,el bomboncico en la rodilla……..Uff que gente tan buena, (ya te lo dijeron en España).

  2. Dudu dijo:

    Desde que me dijiste que te ibas ahí, pensé ¿Y a este que se le ha perdido ahí? Con el blog, lo voy descubriendo y disfrutando de tu viaje, cuentanos todo, aqui disfrutamos leyendote

  3. Patricia dijo:

    Afortunadamente su avidez por sentir parece indicar que su infancia será larga….gracias.

  4. Marta dijo:

    Jorge, te estoy leyendo todos los días y me está entusiasmando tu viaje y lo que leo. Espero que lo disfrutes y nos sigas haciendo partícipes. Un besote.

  5. Meryjou dijo:

    Que foto mas bella,un bombón sobre una rodilla.( x el comentario que hiciste referente a los presentes culinarios del difunto) y un bombón en un cementerio dice tanto!

  6. Mónica dijo:

    Me alegro mucho de que se estén cumpliendo tus expectativas positivas. Parece que las barreras idiomáticas no son un problema (sabía que tu capacidad de comunicación trascendería la palabra hablada).
    Sigue disfrutando y no dejes de contárnoslo.
    Besines

  7. José Miguel dijo:

    Un hombre es lo que queda de un niño… Es brutal!

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