Noche estrellada de Van Gogh en el oasis de Siwa

Mi madre se queja de que suelo hacer las cosas al revés que todo el mundo. Cuando compré mi billete de autobús al oasis de Siwa en el oeste del país en vez de dirigirme a destinos más “normales” como Luxor o Aswan, pensé que tal vez tiene razón. Siwa está a unos 500 km en línea recta de El Cairo, pero como el bus dibuja un triángulo en su ruta, éstos se convierten en 850. Cuando estaba sentado en la estación mentalizándome para las diez horas que me esperaban de viaje, me venía a la cabeza el letrerito del día anterior cuando buscaba algo de información sobre mi destino…

siwa peligro

“Viajar a destinos remotos como Siwa es desaconsejable”. Alentador. Cuando vi llegar el bus con las letras VIP me sonreí y pensé que iba a viajar tan cómodo como en los buses de Irán. Error. Por delante me esperaba uno de los viajes más duros de mi vida. Egipto padece estos días una ola de frío sin precedentes y mi bus no tenía calefacción… Pasé las diez horas siguientes absolutamente aterido en mi asiento. Podía ver el vaho saliendo de mi boca al respirar. Cuando iba al baño, tenía serias dificultades para encontrar mi minúscula y congelada herramienta, y observaba con una mezcla de asombro y terror el humito que salía de ahí abajo. La gente llevaba bufandas y gorros de lana, y cuando vi que el señor de delante apretaba el botón de arriba para encender la luz, pensé en tramar un plan para robarle sus guantes de piel…

La noche anterior había estado buscando hoteles, pero el más barato valía 40€ y pensé que era demasiado, así que ya encontraría uno al llegar. Pasar tanto frío y pensar que no tenía hotel, incrementaba mi dolor. Como el conductor sólo realizó una parada de 30 minutos, cuando llegué a mi destino y bajé del bus me movía como Forrest Gump con 12 años. Cargado con mis dos mochilas, me dirigí al centro del poblacho a ver qué encontraba. Hotel Elkelany. “¿Tiene habitaciones con agua caliente?” (Nunca había sido esa mi primera pregunta en un hotel). “¿Funciona?”. Funcionaba. Casi le doy un abrazo al chico que me estaba enseñando la habitación cuando mi dedito debajo del grifo notó cómo pasaba el agua de fría a tibia. Pensaríais que me metí al instante debajo del agua, ¿verdad? Pues no, la mera idea de desnudarme me resultaba gélidamente aterradora, así que me metí en la cama con ropa y todo y un par de mantas. Dos horas después, ducha caliente y a comer una pizza Cleopatra. En el restaurante conversación agradable con un chico australiano que llevaba un año y medio viajando y que me regaló sabios consejos sobre Indonesia. La vida volvía poco a poco a su temperatura normal y pensar en los 5€ por noche que me costaba la habitación, me hacía sonreír y pensar que las ratas también disfrutamos momentos felices…

siwa oasis egipto

siwa oasis egipto 2

niño carro siwaEsos carritos son típicos y se ven a montones, lo curioso es que los suelen conducir niños y ancianos. El oasis es bastante grande y más turístico de lo que me hubiera gustado. Nada que ver con mi querido oasis en Garmeh. Viajar solo tiene varios inconvenientes, y uno de ellos es que si quieres contratar una excursión y no hay más turistas, te sale todo muy caro. Así que para mi noche en el desierto, me tuve que conformar con contratar los servicios de un beduino que conocí paseando por el lugar. Después de duras negociaciones entre números árabes y cristianos…

negociación siwa…me llevó a una especie de camping con casitas de palmera y ladrillos de adobe justo al lado del desierto. Antes de que se hiciera de noche me dejó sólo un par de horas y pude pasear por las dunas y ver la puesta de sol. Me sentí Jorgens de Arabia…

jorgens

pisadas en la arena

puesta sol desiertoCuando ya me iba a acostar, vino la policía. Siete tipos de paisano con pistolas en el cinturón y linternitas blancas que revoloteaban a nuestro alrededor como luciérnagas autoritarias sedientas de armas libias y hachís. Registraron de arriba a abajo al beduino y, aunque a mí ni me miraron, reconozco que fue un momento un poco tenso. Cuando se marcharon, el tipo me enseñó orgulloso el ladrillo suelto de la pared donde guardaba su piedra de la risa y se hizo un “cigarrito”. Nos sentamos al lado del fuego y me contó la labor de la policía estos días en el país. Interesante. Me ofreció varias veces darle alguna calada a su particular pipa de la paz, y tanto insistió que, por no hacerle el feo, accedí. Ríete tú de la noche estrellada de Van Gogh…

El beduino se metió a dormir a una de las casas y me dejó a mí solo fuera. Me ofreció unas mantas bastante sucias hasta para mí, así que decidí que lo mejor sería meterme en una de las cabañas de palmera sin techo, encenderme un buen fuego y no taparme con eso. Pasé la noche en vela jugando a que no se me apagara el fuego y saliendo de vez en cuando a ver estrellas fugaces, que en el desierto hay muchas. Cuando me tumbaba de cara a la lumbre se me quedaba la espalda helada y viceversa, así que no pegué ojo girando como un pollo a l’ast. Pese a todo, nada comparable al frigobus de la noche anterior. Afortunadamente, siempre amanece…

fuego amanecerY vuelta al hotel. Como el check out era a las 11:00 y mi bus de regreso no salía hasta las 21:00, me permití el lujo de pagar una noche más y quedarme cómodamente a esperar dormitando. El viaje de vuelta fue un poco más llevadero, probablemente gracias a las camisetas térmicas, a las mallas y a que hizo menos frío, pero las tres últimas horas se hicieron pesadas. Tampoco resulta agradable que de vez en cuando un policía o un militar con metralleta suba al autobús y te pida el pasaporte. En fin, punto final a una desértica y gélida aventura que nunca olvidaré.

Ayer fue mi último día en el Cairo y me lo pasé muy bien en el metro más abarrotado que he visto en mi vida. Tuve dos guías de excepción: mi tocayo Jorge, cristiano copto que está estudiando para sacerdote, que me llena de atenciones y cuidados y siempre está pendiente de mí…

amigo jorge…y Nahla, que muy probablemente en septiembre va a venir un mes a estudiar español a la universidad de Zaragoza. Está un poco asustada porque es la primera vez que sale de Egipto, pero ya le he dicho que allí la vais a tratar muy bien

amiga NahlaEsta noche empieza lo serio. Salgo hacia Etiopía donde permaneceré hasta el 16 de enero. Allí ya no conozco a nadie. Tengo varias ideas en la cabeza sobre posibles itinerarios, pero decidiré sobre la marcha cuando hable con la gente. Por cierto, no me han contestado del hotel en Adís Abeba, así que me veo otra vez buscando alojamiento al llegar. Esta vez estoy dispuesto a sacrificar el agua caliente por una buena wifi para contároslo todo como merecéis. Ya veremos a ver… 😉

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Esta entrada fue publicada en 02 Egipto, 2013-2014: Dando una vuelta, VIAJES y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Noche estrellada de Van Gogh en el oasis de Siwa

  1. Chema A de M dijo:

    Se nos acaba de morir Lawrence (Peter O’Toole) de Arabia y ahora le coge el testigo Georgence de Egipto…

  2. Alfonso dijo:

    Ánimo amigo eres un crack. Alfonso

  3. Alberto dijo:

    Jorge, no has visitado ninguno de los “santuarios predinásticos” que te recomendé, aunque creo que es algo que te puedo perdonar puesto que no dejan de ser una especie de bodrio que sólo interesan a unos pocos “zumbados” como yo. Por lo demás ¡qué envidia! (envidia sana por supuesto) haber estado en el Museo Egipcio de El Cairo sin tener “tropecientos mil” turistas revoloteando a tu alrededor, eso sí, no deja de ser una pena para todos los egipcios que viven del turismo y que ahora está “bajo mínimos”, pero bueno, tiene que ser una gozada visitar las Pirámides de Giza sin andar esquivando turistas que, algunos de los cuales, si saben dónde están es porque se lo acaba de decir el guía. A pesar del frío (y de que allí no hay elementos predinásticos), sé que la noche en el oasis de Siwa debió ser maravillosa, yo no he estado nunca en medio del desierto, pero estoy seguro de que ha de ser una experiencia única (sobre todo sin techo y con una pequeña hoguera).

  4. Pingback: Breve post sobre Bahir Dar camino a las montañas Simien | El maestro itinerante

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