Nueva Zelanda, en las nubes…

Que la llegada a Nueva Zelanda (NZ, de ahora en adelante) estaba gafada desde el principio lo sabíamos ya. Nada más pasar el control del aeropuerto donde os dejé la última vez, me encontré un enorme caos. La tormenta sobre Bali había hecho caer el sistema informático de algunas compañías, incluida la mía, obviamente. Pensar en la hora y quince minutos que tenía de escala en Sídney me ponía nervioso. La idea de perder ese vuelo y que me hicieran pagar un nuevo billete a Auckland alegando que el problema del retraso era debido al aeropuerto y no a la compañía me daba escalofríos. Llegamos a Sídney. Tarde, claro. Tengo la costumbre de salir de un avión pisando siempre con el pie derecho mi destino. Concentrado en la despedida de la azafata, se me olvidó la costumbre y me dispersé en el recuento de pasos, cambié artificialmente los mismos en el último momento, y casi me mato nada más entrar al país. Australia siempre me vacila. Evidentemente perdí la conexión junto con otras ocho personas. Y una de ellas merece un párrafo especial…

Rob se me acercó mientras estaba comunicando al hotel de Auckland que iba a llegar más tarde. La compañía aérea nos había citado a la una y media para recolocarnos gratis en el vuelo de las tres y media y nos dio 18€ en vales para comer algo (la gente muy enfadada y yo tan contento. No hay nada como que te fastidien mucho para que cuando lo hacen poco te parezca hasta bien. Podéis cambiar la palabra “fastidiar” por otra que os guste más…). Me dijo que quería dormir hasta entonces y me pidió si le podía despertar. Le dije entre risas que tenía catorce minutos y le pareció bien. Rob es un señor de California y tiene setenta años. Delgado, ojos tan azules como vivos y esconde su pelo blanco cada vez más escaso debajo de una gorra de tela verde guerra. Dice que durante su juventud fue hippy y protestaba en Berkeley contra la de Vietnam. Hace mucho cambió de enemigo. Su batalla actual es contra las centrales nucleares, que conoce al dedillo. A los veinte años se fue a recorrer el mundo y su familia le desheredó. Tiene un negocio en Vietnam con un nativo para ayudar a niños huérfanos de la zona. Y ahora está embarcado en otra guerra con el gobierno de NZ para que le dejen construir una casa con contenedores de barco reciclados.

No hicimos uso de nuestros vales y nos fuimos directamente al bar. El vuelo de las tres y media estaba lleno y nos tuvieron que recolocar en el de las seis y media. Seguimos celebrándolo en el bar. Y hablamos sin parar, pero profundizaré más adelante sobre este entrañable sujeto.

Llegamos a Auckland y, evidentemente, la compañía había olvidado los equipajes de todos los recolocados en Sídney. Llegaban al día siguiente y serían enviados a nuestros hoteles. Un enfadado pasajero me preguntó que de qué me reía mientras rellenaba la reclamación. “Cosas mías, estoy en Auckland y encima mañana no tengo que pensar qué ropa me pongo”. Llegué al hotel pasadas las dos de la mañana y dormí como un niño la noche de después de Reyes. Obviamente a la mañana siguiente no salí del hotel hasta por la tarde. La ciudad es como una especie de San Francisco pero más lejos, más pequeño…

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Auckland, Nueva Zelanda

… y me gustó mucho ver cómo se fue haciendo de noche mientras a vosotros se os hacía de día. Todavía me cuesta explicar que el mismo sol que se pone en Auckland es el que en ese mismo momento está saliendo en España. Porque para los que no lo sepáis, somos antípodas, es decir, países opuestos. Y por eso yo quería calcular la antípoda exacta de Zaragoza, de mi casa, de mi teatro de las Esquinas, del círculo central de la Romareda… y pensaros ahí abajo. Pero casualmente la antípoda de Zaragoza toca en agua y no pude hacer nada de eso. Os dejo este link tan curioso para que calculéis la antípoda que queráis de vuestro lugar favorito…

Esa primera noche quedé con Edouard, ya sabéis, el chico que viajó conmigo a Singapur, y con unos amigos suyos. Lo pasamos muy bien y recordamos nuestras aventuras. Eso sí, nos dieron las cinco y veinte de la mañana, que aquí es una hora muy tarde. Además me presentó a Aurore, una chica francesa guapísima de 22 años que lleva dos meses trabajando en Auckland y que en seguida viajará hacia Asia.

Al día siguiente tuve que abandonar el hotel donde estaba y buscarme otro. Cuando dejé las cosas me fui al planetario de la ciudad, pero como soy un gato negro, justo ese día estaba reservado para un acto privado de la comunidad islámica de NZ. Así que tuve que volverme al hotel porque esa noche había quedado con Aurore para charlar de viajes y sueños. Y nos dieron las seis de la mañana, que aquí es una hora más tarde incluso que las cinco y veinte. Vuelta al hotel, dos horas de descanso y a por mi coche… 😉

Yo quería una campervan, que son unas furgonetitas pequeñas con colchón que te permiten aparcar donde quieres y pasar la noche, y así de paso le hacía un homenaje a mi amigo Simón recordando nuestros periplos en la carretera, conduciendo la mía propia (mira papá, yo también sé 😉 ). El problema es que están muy solicitadas y no pude encontrar ninguna. No tuve más remedio que, por 24€ al día, conformarme con una lata blanca de cuatro ruedas que a mí me parece el corcel de Alejandro el Magno. Y, como un delincuente de poca monta, escojo carreteras secundarias como estas mientras conduzco cantando emocionado los versos de aquel poeta que decía: “prefiero tener un coche a tener una mujer, el coche corre que corre la mujer te hace correr…”

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carretera nz

Ya he descubierto lo que hace que los paisajes de este país te atrapen desde el primer momento. Son las nubes. Las nubes nunca se van del todo en estas islas y le dan un toque mágico al suelo que sobrevuelan…

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nubes nueva zelanda

Me dirigí feliz a casa de Rob en un pueblecito en el norte de la isla norte llamado Tauranga a pasar la primera noche de mi recién estrenada libertad, porque Rob es de esa clase de personas que te abren las puertas de su casa esté como esté. Y cuando te habla utiliza mucho la expresión “la gente como nosotros”. Su casa era un delicioso desastre de libros, budas, discos, alimentos orgánicos, herramientas de jardinería y recuerdos. Pero a la gente como nosotros ese es precisamente el marco perfecto de mil conversaciones. Y no voy a seguir con anécdotas de esa noche porque no pararía. Además volveré sobre el tema cuando le visite en su casa de Santa Cruz, California… 😉

A la mañana siguiente me llevó a visitar la parcela con los contenedores de barco que espera poder convertir un día en casa y nos despedimos con un fuerte abrazo. Me dirigí triste y feliz a la vez a un lugar llamado Rotorua, que respira humo de volcanes en cada rincón de sus calles. Descendí hasta el lago Taupo para hacer una excursión de siete horas al cráter de un volcán. Pero, miau miau, cuando llegué a la cima estaba así…

crater niebla

Claro que, miau miau, veinte minutos después de descender el mismo cráter estaba así…

cráter sin niebla

Pero no me dio ninguna pena. Sonreí y seguí camino sin mirar atrás. Hago este viaje por la gente que he conocido y que conoceré, no por las bellezas naturales del planeta. Habiéndome criado en el Pirineo y besado a las que he besado, de belleza natural voy listo 🙂

Pero venga, va, igual a vosotros sí que os apetece algún paisaje. Os dejo unas imágenes de volcanes escupiendo humo que no lava y amenazantes carteles que pueden inquietarte el día o darte ideas para hacerle una camiseta a tu novia…

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volcan  tangariro new zealand

cartel aviso volcanLa verdad es que caminar entre esas fumarolas que expulsa el volcán es un tanto intimidante, amén de que la pituitaria te recuerda constantemente que no estás en tu hábitat natural…

Hoy os escribo desde Napier, en el este de la isla norte (NZ tiene dos islas principales: la norte o la de arriba y la sur o la de abajo, lo de arriba o abajo es cosa mía, claro…), donde espero tomar unos vinos, y mañana mi cochecito (admito sugerencias para bautizarlo más dignamente) y yo nos dirigiremos hacia Wellington, capital cool del país antes de embarcarnos hacia el norte de la isla sur. A ver dónde saco rato para contaros…

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Esta entrada fue publicada en 06 Nueva Zelanda, 2013-2014: Dando una vuelta, VIAJES y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Nueva Zelanda, en las nubes…

  1. Mónica dijo:

    Al final parece que llegó la musa.
    Si es blanco y te tiemblan las pestañas cuando coges velocidad, podría ser “la lavadora” 😉
    Besines

  2. Chema A de M dijo:

    Coño…qué fotos…!!! Seguro que no las has pasado por algún programa fotográfico…??? Existen estos paisajes…???. No te vayas de kiwilandia sin haber visto un partido de los all-blacks…el rugby es el mejor sustitutivo del futbol… Un abrazo, viajero!!!

  3. Conchita dijo:

    Yo quejándome y este post se me había pasado, como es posible??? No puedo creerlo, vaya pedazo de fotos, me encantan, como dice Chema existen esos paisajes de verdad? Alucinante…..alucinante….. Sin palabras me quedo

  4. strunfita dijo:

    Jorgito, ¿puedes recomendarme alguna compañía de alquiler de coches en NZ? me han hablado bien (y no muy cara) de esta alemana http://www.billiger-mietwagen.de
    Abrazos desde Adelaide, sigue escribiendo, ¡¡¡Quiero ir a NZ!!!!

  5. Laury dijo:

    Me encanta tu sentido del humor jajaja como me he reido…las fotos son una pasada muy gracias por enseñarnos todo con tanto cariño

  6. Pingback: Volviendo a San Francisco… | El maestro itinerante

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